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ALMA SINGER TAKE ME OUT

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Ámbar, Toto y toda la familia, unida :)


PLAY | PLAYLIST ALMA | Home – Edward Sharpe & The Magnetic Zeros

Hace pocos meses tuve el placer de conocer Flexible (el laboratorio de arte + juego + ciencia + tecnología dirigido por Micaela Puig, que conocimos en detalle – y con enseñanza APB de vida – en este post de Alma). Ese día me reencontré con colegas comunicadoras y conocí a otras emprendedoras muy copadas. Todas tenemos en común el hecho de ser mamás, y ahí estábamos todas, con nuestros retoños, disfrutando una merienda creativa sin igual. Entre esas personas estaba Bárbara Prajs, fundadora de Ámbar y Toto (una marca que tiene como propósito transmitir valores, educar e incentivar el vínculo familiar), y mamá de Ámbar, una nena súper dulce, cariñosa y claramente feliz. Sus gestos y movimientos demostraban una crianza en libertad y con confianza en ella, para que ella tenga confianza en sí misma. Hermoso, realmente. Ella es el mejor ejemplo de que la obra de su mamá, a través de Ámbar y Toto, cumple sus objetivos :) Conozcamos a Barbi, veámonos cómo nació todo esto BUENO que vi con mis propios ojos, una tarde de verano…



Mi nombre es Bárbara Prajs y empiezo a contarte un poco de mi infancia. De chica me encantaba coser la ropa de las muñecas, diseñar muñecos, armar la casa de las Barbies con cajas de cartón y elementos sueltos (lo que hoy se llama materiales reciclados) :)  Amaba volver a mi casa después de la escuela o los fines de semana y me quedaba horas y horas haciendo esto que me hacía muy feliz. Por suerte tenía una abuela que me daba muchas telas y un abuelo peletero que me daba retazos de cuero. Mi infancia fue de mucha creatividad que me permitió dejar volar mucho mi imaginación y de disfrutar del silencio y de estar conmigo misma. En mi casa tuve una mamá abogada y un para ingeniero con mucho interés en la parte espiritual. Y eso me marcó mucho porque las conversaciones con mi papá me llevaron a pensar cuál era el sentido de la vida desde muy temprana edad.
  

Desde mi adolescencia empecé a hacer cursos y talleres de todos los temas que se te ocurran, ya que no me gusta hacer sólo una cosa, sino que me interesan muchos temas ej: Alfarería, Conservas, Huertas, Flamenco, Astrología, Español para extranjeros, ¡y muchos otros más!

A la hora de elegir la carrera me decidí por Diseño Gráfico (aunque me hubiera gustado hacer psicología) y durante doce años me dediqué al diseño digital. Del 2007 al 2010 tuve la hermosa oportunidad de vivir en Bogotá (Colombia) y eso marcó un primer cambio en mi mundo laboral. Siempre me interesó la parte social, así que de vuelta en Argentina decidí dejar del lado el diseño e ir por ello. Del 2010 al 2013 trabajé de Coordinadora en una Organización Social donde brindábamos talleres de Higiene y Hábitos Saludables en escuelas públicas del Partido de Pilar (llegamos a 45 escuelas en esos tres años) y también acompañamos a mujeres embarazadas en contextos de vulnerabilidad. En esos años, llegó a casa Toto (nuestro perro "Beagle") que fue nuestro primer "hijo" y al año siguiente (2012) llegó la pequeña Ámbar. Con la llegada de ellos sentí que había conformada mi propia familia.


Del 2013 al 2015 trabajé en una Empresa Social donde se capacitaba a personas en contexto de vulnerabilidad para luego ofrecerles oportunidades de trabajo. Esta experiencia me marcó mucho porque pude conocer muchas historias y realidades. Aprendí lo que es acompañar a alguien y verlo crecer, ver el cambio de una persona cuando se la valora y se le da un lugar. En ese tiempo también me descubrí yo, y aprendí cuáles eran mis fortalezas y lo que tenía yo para ofrecer. Siempre le dediqué mucho tiempo al trabajo y se me estaba complicando combinarlo con la maternidad. Rompí la "regla familiar" y decidí dejar el trabajo y elegí acompañar más Ámbar y estar más presente en la época del jardín. Me costó muchísimo esta decisión porque amaba lo que hacía, pero había una nena que también necesitaba a su mamá.

Lo hermoso es que, al enfocarse en estar para su hija, también se dio el espacio para estar consigo misma…

En ese vacío empecé a reencontrarme y a reconectarme con lo que me gustaba. Una de las cosas que hice en ese tiempo fue ir a Once, ya que amo las telas y entrar a las mercerías. Y una de las veces que fui encontré dos telas que me encantaron. Compré dos retazos y se me ocurrió hacer dos delantales para Ámbar. En una de esas visitas encontré también un palo de amasar pequeño y lo compré. Así de a poco empecé a armar sin darme cuenta el primer "Set de Cocina". Un año atrás había hecho una ilustración de Ámbar y Toto, así que la volví a buscar y diseñé con eso la etiqueta de la caja.


¡Once es una caja de sorpresas! Cuántas semillitas de emprendimientos geniales habrá plantado esta zona porteña :D En fin, sigamos, que esta semilla se regó con reflexiones y deseos de dar respuestas…

¿Conocen el método Montessori? Por Nati Iscaro

¿Conocen el método Montessori?
Por Natalia Iscaro




Empiezo diciendo que no mando a mi hijo mayor a un jardín Montessori, creo que soy muy tradicional para eso, o tal vez mi marido lo sea. Pero cada vez que leo su filosofía, ¡es imposible no estar de acuerdo!

El otro día justamente Diego (mi marido) me compartió un cuadro súper útil. Hagan click acá para verlo :)  En él figuran las tareas que del hogar que puede realizar un niño a cada edad. Y la verdad es que pude comprobar que es súper cierto. Con 3 años, Joaco me ayuda a poner la mesa, sacar la basura, come solo, cuando tiene ganas guarda juguetes, y después va Gaspar atrás y tira todo de nuevo al piso, pero en fin. Me resultó muy ilustrador, y también me dio confianza para saber que puedo seguir pidiéndoles ayuda a los dos, sin sentir que no puede resolverlo, ni que le estoy exigiendo demasiado.

Sin ser especialista en Montessori ni mucho menos, comparto la importancia de fomentar la autonomía en los chicos y, teniendo dos hijos varones, pienso que también es una oportunidad de promover la igualdad de género. De chica, mis papás trabajaban y hermana y yo lavábamos y poníamos la mesa, colgábamos la ropa… y mi hermano por poco se tiraba a mirar tele todo el día. Hoy los hombres cocinan, limpian, y quiero educarlos para que puedan resolver la vida de un hogar solos. No pretendo que sean como papá, al que le divierte arreglar y desarmar todo, pero al menos que sepan sobrevivir por sí solos. Tal vez fracase, ¡pero voy a intentarlo!

María Montessori, la promotora de esta filosofía, propone que todo educador debe “seguir al niño”, reconociendo las necesidades físicas y espirituales de características de 4 periodos evolutivos que llama “Planos del desarrollo”. El aula Montessori se agrupa de 3 a 6 años, de 6 a 9 años y de 9 a 13 años. No conozco a nadie que mande a sus hijos, pero sí sé de amigas de amigas que prueban en jardín o incluso primaria, y están contentas con los resultados.

Para meternos en tema, les comparto algunas ideas Montessori que pude investigar:

- El niño tiene que sentirse capaz, y vivir a su mayor potencial. No se trata de forzarlo, sino de preparar su medio ambiente para que, cuando él esté listo, pueda ir superando sus propias barreras. El objetivo no es sólo independencia, sino especialmente belleza, simplicidad y orden (¡¿qué madre en su sano juicio podría estar en contra de esto?!).

- En un dormitorio Montessori, todo está a la altura de los niños para que ellos puedan jugar y también ordenar, con canastos y estantes para ello, e incluso sus percheros.

- Los chicos deberían tener una biblioteca a su alcance, con diversos temas para descubrir: desde insectos a países, anatomía, botánica, historia, didácticos y con muchas ilustraciones para su edad. Va a llegar un momento en que van a abrirlos, curiosear y empezar a descubrir el mundo.

- Hay que proveerles de materiales sensoriales que puedan ser apreciados por su color, temperatura, sabor, tamaño, peso, sonido. Desde arreglar flores y poner la mesa, hasta barrer y trabajar con madera: todas son formas de generar independencia, reflexión, resolución de problemas y desarrollo del autoestima.

- En el aula Montessori, cada niño se desarrolla naturalmente a su propio ritmo de trabajo. Así, se le muestran cosas nuevas cuando está listo para ello. (No me digan que esto no nos ahorraría a las madres miles de pesos en psicólogos, psicolingüistas y terapeutas…).

- Si bien los juguetes pueden ser costosos, navegando por la web aparecen muchos imprimibles y tutoriales para aplicar fácilmente en casa, y eso es un plus.

Ojalá esto les de tantas ganas de seguir investigando como a mí. ¿Y ustedes conocen colegios Montessori? ¿Eligen estos juguetes para sus hijos? ¿Ambientaron su dormitorio con alguno de estos elementos? ¡Me encantaría escuchar sus experiencias!

Fundación Montessori

¿Quién es María Montessori?


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Este es el tipo de post de Nati (y de la blogósfera entera) que me imprimiría y me dejaría a mano para leer una y otra vez. ¿Qué digo? ¡Estoy en la oficina! ¡Lo imprimo ya! :p Sé que Dindina está en otro plano en este momento (está transitando desde reptar a gatear, de chupar sus dedo chiquito a querer chupar la rueda del cochecito cualquier cosa que se le cruce por el camino, y así más…), pero siento que así la estamos intentando criar, dándole el mayor espacio que pueda tener dentro de un marco de seguridad lógico, y poniéndole a disposición (por ahora mucho solo para mirar) todo el mundo que la rodea, hasta las zanahorias de la tarta (¡amo cocinar con ella sentada al lado!). Queremos que vea la vida real, que sea parte de nuestra cotidianidad y que pueda explorar todo lo que se le cruce en el camino. ¿Ustedes qué cuentan? :)

¡Muchas gracias Nati por otro gran post amigaaaa!
¡Sos lo más de lo más y más!


Las cosas que nadie me dijo antes de parir (y yo hubiera deseado que lo hicieran), por Nati Iscaro

¡Buen día a todoooooooooos! Antes de compartir el BRILLANTE post de hoy escrito por mi queridísima amiga Nati Iscaro (¡y lujo de colaboradora de Alma Singer!), quiero contarles que ya nació Justinaaaaaa, ¡su tercera hija! ¡Ñaaaaa! ¡Es un bomboncito! Felicidades familiaaaaa, y bienvenida pitufina al mundo. ¡Qué madraza elegiste Justi! :D

Ahora sí, hagamos de cuenta que retrocedemos en el tiempo, que Nati está embarazada de Joaco, su primer hijo, y que alguien tuvo la amabilidad de contarle estas cosas…


Feliz lectura :D


Las cosas que nadie me dijo antes de parir
(y yo hubiera deseado que lo hicieran)




Foto por Bridget Coila.

El título es engañoso. Muchas veces creo haber oído algunas de esas frases, pero sin darles un crédito real. Es como si yo hubiera pensado: bueno, no puede ser tan terrible. O, después de todo, tuviste más hijos ¿o no? No es tan grave. Y la realidad es que aun cuando ya tuviste hijos, te olvidás de todo, es como una amnesia saludable para la supervivencia de la especie. Algunas cosas que quisiera que me hubieran dicho son:

“Vas a estar insoportable si no dormís”. Claro, todo el mundo te dice “no vas a dormir nada” o “chau sueño”, pero nadie te dice qué es lo que le pasa a tu organismo cuando no dormís. Y lo que pasa es horrible: estas de mal humor, trastornada, olvidás todo, llorás por cualquier cosa, sos tu peor versión. Quizá si alguien me lo hubiera dicho, cuando el bebé dormía yo no me la hubiera pasado limpiado, ordenando, trabajando, o lo que sea. Con el segundo mejoré: cuando Gaspar dormía, siempre que podía, me tiraba a dormir con él. Y no hay nada más lindo que dormir con tu bebé al lado respirando. Puede ser él en su catre o cuna de colecho, pero siempre cerquita de mamá.

“No organices gran cosa para los primeros meses del bebé”. Muchas veces escucho a mamás decir que van a estar trabajando proyectos nuevos, o se van a poner a estudiar algo nuevo, todo cuando nace el bebé. A mí también me pasó. Y algunas tal vez lo logran, pero la mayoría no. La realidad es que cuando nace el bebé nuestra cabeza está ahí, cuerpo, espíritu, todo. Y no te preocupa eso. Y está perfecto. Organizar visitas o paseos demasiado orquestados, cursos, clases… todo eso se hace difícil, la mayoría de las veces ni siquiera tenemos ganas. Y no pasa nada. Tal vez nos pasa que estamos tan acostumbradas a hacer lo que queremos cuando queremos, que nos resistimos a las nuevas reglas del juego, durante un tiempo. Porque el cambio puede ser difícil. De pronto hay horarios de sueño, de comida, de paseo, y vos ya no importás demasiado (hablo de los primeros meses). Cuando pude entregarme a esto sin resistirme, la pasé muchísimo mejor. Cuando intenté planes chinos, terminé enojada con todo el mundo y conmigo, y también con el bebé que lloraba sin parar. Porque la realidad es que él no está listo para demasiado estímulo: él sólo quería mamá, mimo, teta, caca y sueño. Y sanseacabó.

“Dar la teta puede doler”. Claro, es maravilloso una vez que fluye y cuando le encontrás la vuelta. Cuando estaba canchera, hubo momentos en que daba la teta caminando, parada, en un teatro, un supermercado, en la calle, o francamente cualquier lugar en que me encontrara. ¡Me convertí en Playboy-mamy-live! Pero lo cierto es que al comienzo no siempre es así. Y a veces puede doler. Eso no quiere decir que no puedas dar la teta, ni que es algo imposible para vos. Simplemente que hay que pedir ayuda. ¿A quién? La palabra mágica aquí es “puericultoras”. Ellas pueden presentarse en la clínica donde des a luz, y si no podés encontrarlas en Fundalam o Liga de la leche. A Fundalam llamé por teléfono cuando se me hinchó una de las lolas, me contuvieron y ayudaron y explicaron posibles motivos. Finalmente fui, porque me quedaba muy cerca, y fue un hallazgo que no dejo de recomendar. Además de dar cursos, talleres y grupos de apoyo, tienen “una guardia” adonde se paga una atención y te explican todo lo que necesites. Vas con tu bebé y son súper contenedoras y ¡saben mucho! Otra vez fui para que me enseñen a usar el sacaleches, porque me hacía doler, y también fue de gran ayuda. También sé de amigas que han llamado puericultoras a sus casas, y también estuvieron felices con los resultados. Como siempre, hay que animarse a pedir ayuda y saber que el dolor es una señal de que algo no está bien, pero tiene solución. Eso no te hace mala madre, ¡¡¡te hace una más de nosotras!!!!

“El pitulín para abajo”. Ok, parece un chiste o un libro de niños, pero es bien básico. Cuando le pongas el pañal a un bebé varón, el pitulín va para abajo, sino el bebé se empapa, y es un enchastre. También hay que tener en cuenta que cuando se enfría se hace pis, así que si está sin pañal porque lo bañaste, y lo tenés un ratito arriba del cambiador, te mea encima. Y, a diferencia de una beba mujer –que se empapa hacia abajo- el bebé te baña a vos, con su pis y su manguera móvil. Para tener en cuenta. Quien sepa de las nenas que cuente, me imagino el lago Lácar que llega hasta el cuello y el pelo, una delicia…

“Los niños pueden tener cólicos, y son muy angustiantes para las mamás”. Me pasó con el primero de mis hijos. Joaco lloraba todos los días tipo 7pm. Podía durar diez minutos, quince, veinte, cuarenta. Y lloraba como si se fuera a morir, exasperado, retorciéndose. A mi hijo le dolía algo y yo no podía hacer nada. Era horrible. Me fueron tirando tips. Por ejemplo, en la clínica donde nació, la enfermera abría el grifo y lo acercaba, me decía que el sonido del agua le hacía acordar a la panza y lo calmaba, y a veces funcionaba. Otra técnica era ponerlo boca abajo y darle palmaditas en la espalda, algo que mi marido hacía y a él le servía para calmarlo. Si no la bicicleta con los pies, acostadito, para liberar los gases. En fin, muchas cosas que me fueron diciendo y aportando. Pero nadie me dijo lo terrible que era ver a tu hijo sufrir, o que esos llantos se debían a su estómago en formación, que era normal, que iba a llorar, que sólo debía mimarlo y no estresarme porque iba a ponerlo peor a él. Yo sólo la pasaba pésimo y, al principio, hasta que me puse canchera, me costaba acompañarlo a pasar por el dolor.

“Cada niño tiene su tiempo”. Comparar es odioso, uno lo sabe, pero resulta que recibís los mailings de rigor que te dicen todo lo que debería estar haciendo tu hijo según su edad evolutiva. O te encontrás con otros nenes de su edad en la plaza, y los ves más avanzados en el habla, la destreza física, la alimentación, los juegos… Y te sentís mal. Mal por vos, porque sos una pésima madre, y mal por ellos, porque no se sientan diferentes, frustrados, etc. Pero, con suerte, en algún momento entendés que tu hijo es único y especial, que tiene su personalidad, sus gustos, intereses, y un tiempo especial para adaptarse al mundo fascinante que lo rodea. Está bueno poder enseñarlos a quererse tal y como son, ¡si así son maravillosos!

“Los chicos no van a quererte siempre, y es normal”. Los chicos pueden decirte cosas hirientes, aún de chiquitos. “No te quiero”, “Que venga papá”, y algo adentro tuyo parece que se astilla en pedazos. Pero eso no quiere decir que estés haciendo algo mal, sino que le estás marcando un límite y no le gusta. Quizá puedas hablarlo con él en ese momento, o quizá está tan ofuscado que no se pueda, pero más tarde podés retomar el tema, o simplemente no haga falta charlarlo. Pero es importante que recordemos que crecer no siempre es fácil, y hacer caso a los adultos mucho menos. Pero los papás muchas veces sabemos qué es lo mejor, aun cuando no sea tan divertido.



Foto por Amanda M.

De yapa, algunas cosas que fui aprendiendo cuando nació mi segundo hijo, Gaspar, sobre la crianza cuando de hermanos:

“Todos nuestros hijos son diferentes, y únicos a su manera”.
“Todos los chicos pueden hacer cosas horribles en un momento dado, y eso no los vuelve anormales”.
“Aunque no parezca, los hermanos se quieren, aun cuando no siempre lo demuestren”.
“No está bueno dar recompensas y castigos todo el tiempo, así sembramos la discordia”.
“Es necesario que aprendan lo que significa compartir. Hay que machacar el concepto todo el tiempo, incluso con nuestro ejemplo”.
“Siempre les recuerdo a los míos que su hermano es su mejor amigo para toda la vida. No sé si todavía lo entiendan, pero siento que es algo que un día van a apreciar”.

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Brillante post de Nati. Obvio lo leí antes de tener a Jazmín y me trajo mucha paz en momentos donde el llanto se hace devastadoramente insoportable (¡malditos cólicos!). ¿A ustedes qué les pareció? ¿Quién tiene algo más para contar que ayude a futuros padres? ¡Cuenten, nos interesa mucho! :D


¡Muy feliz miércoles a todos!


Mi odio secreto, por Nati Iscaro


Mi odio secreto


La vida de madre está hecho de un sinfín de momentos concatenados… De un lado, la siesta abrazadita a tu bebé, los momentos de juegos en que hacen algo fantástico y pensamos que son el futuro Einstein, esa frase inteligente que nos tiran de vez en cuando y que nos dejan desencajados, o ese abrazo y beso espontáneos que nos hacen sentir que no estamos haciendo todo TAN mal.



Foto por Wilvia. Fuente foto.

Pero también hay momentos de los otros… En que no hacen caso, tiran todo, contestan mal, nos hacen pasar papelones y nos sentimos las peores madres del universo.

Cada una tiene su odio secreto, y les confieso el mío.

De todo lo que implica ser madre, lo que más me molesta es que me manchen. De verdad, no entiendo por qué no puedo pasar una dosis razonable de tiempo con la remera limpia. ¿Tan difícil es? Salgo con toallitas húmedas y alcohol y todo lo necesario pero no, el chocolate sale volando a mi pantalón, me tiran tierra, arena, mocos en la remera, es insoportableeeeeee. Me siento tan poca mujer cuando estoy roñosa. Cuando me quiero hacer la Valeria Mazza y salgo a caminar con mis niños y se tiran al piso y lloran y los arrastro y convenzo de ir a tomar un cafecito y se ríen un ratito y me subo al menor en las piernas y estamos en ese barcito lindo, en la vereda, y me siento Dios y no, me tira encima todo el jugo de naranja y desearía que Mi Bella Genio me haga desaparecer.

Otras amigas también se confesaron:

“Los gritos. Odio que griten todo el tiempo, no puedo escuchar mis pensamientos, a veces de verdad me tengo que encerrar en el baño para poder pensar en lo que iba a ser. Es algo que de verdad me bloquea. A veces siento que no nací para esto de verdad. No podría tener otro hijo porque sería enloquecer.”
Victoria, 37, mamá de Tomás (8) y Sofía (6) gerenta de sucursal en un banco.

“Uffff, la comida. Odio que dé vuelta el plato apenas servido. Odio darle el vaso con agua y que lo tire. Odio que golpee el vidrio, entiendo la inconsciencia que tiene por su edad, pero me estreso de verlo hacer esas cosas y vivir gritando ¡Benja NO!”
Valeria, 36, mamá de Benja (1) diseñadora gráfica.

“Odio que escupa la comida de la boca. No lo puedo tolerar. Entiendo que pueda ser normal, pero me provoca una impotencia enorme porque no lo puedo obligar a tragar. Y odio que me interrumpan el sueño, ¿vale? Porque no es que me molesta. Lo odio de verdad. No quiero más hijos por eso.”
Victoria, 37, mamá de Isidro (6) y Antonio (4 meses), periodista, docente y productora

“Sufro de dolor de espalda desde siempre. Y no entiendo el tema del upa. El mayor ya tiene 6. Upa, upa y upa, aun cuando estoy con el cochecito, en el súper, en la calla, en un cumpleaños, siempre. Es algo que me duele físicamente y me cuesta mucho hacerles razonar. Además no sé por qué tengo hijos gigantes. Lo odio.”
Sol, 35, mamá de Benicio (6) y Mateo (5 meses), fotógrafa.

¿Y cuál es su odio secreto? ¡Compartan!



¡Jajaja! Jazmín todavía es muy chiquita como para generar alguna situación que a mí me de odio, pero admito que los patos que lanza cuando está recién vestida toda linda con ropa planchadita me saca un poco mucho. El odio es conmigo por no haberle hecho bien el provechito: ¡el karma del vómito y del regurgito siempre me acecha!

Cuenten qué les pasa a ustedes así entre todos le ponemos risas a nuestros peores fantasmas. ¡Y los padres son muy bienvenidos a aportar también! :p


¡Muy buen día chicoooooooooooos!


© Alma Singer
Diseño:Maira Gall.