APERTURA

APERTURA
Esta semana en Alma...

BANNER SOMMELIER

ALMA SINGER TAKE ME OUT

Alma Singer I | ¡Cuánta ternura, por Dios!

PLAY | Santería - Sublime

Si en la redacción del Diario Perfil sonaban los temas de Jugate Conmigo, ni lo dudes, venía de la sección Espectáculos, donde Martín y Brenda se estaban dando una panzada de alegría. Lo bizarro, lo divertido, lo simplemente genial siempre venía de esos dos boxes continuos (jajaajjaj por Dios el post que encontré: decoración de boxes en Perfil año 2009). En fin, ahí estaban ellos, y hoy ya  no están más. La están pasando muy bien puertas afuera, y hoy puntualmente vamos a ver en qué anda Martín, un chico con tanto amor y bondad que algún día, me lo tenía que encontrar por acá…  


Llegué al crochet por casualidad. En realidad nunca había tejido nada, aunque me crié viendo a mi mamá y a mi tía haciendo interminables sweaters llenos de amor y calidez. Ellas son expertas tejedoras, metían cinco mil puntos por minuto... ¡Parecía muy difícil!


Soy periodista y hace un año que dejé de trabajar en redacción para empezar a armar mi camino freelance. Un camino difícil, repleto de altibajos pero que me permite administrar mucho mejor mis tiempos. Un día pasé frente a un negocio de regalos para bebés y vi un osito tejido al crochet que me pareció hermoso, y esa misma noche Mariano (mi pareja) webeaba por un sitio de fotógrafos e ilustradores y se topó con la foto de un amigurumi. "Mirá, esto te va a gustar", me dijo. Fue como una señal, y aunque nunca había escuchado hablar de amigurumis, supe que tenía que intentarlo. Siempre había fantaseado con la idea de hacer títeres, me provocaba una profunda sensación de alegría esa instancia de darle forma a una criatura capaz de cobrar vida mágicamente.


Los que quieran vivir en la alegría constante, tendrían que nombrar a Martín como su gurú y seguir sus pasos. Yo lo sigo…

Al otro día, me acerqué a la mercería amiga y compré una aguja, vellón y un poco de lana. No tenía idea de números de agujas, de hilos de algodón ni de acrílicos, pero recibí algo de asesoramiento de la dueña del negocio. "Mirá que es difícil", me advirtió. Y algo de razón tenía: los primeros animalitos que hice quedaron "raros", confusos, aunque para mí es imposible no quererlos ahora. De a poco, practicando mucho y poniéndole empeño, la cosa fue mejorando. Y ahí nomás surgió la idea de empezar a hacerlos a pedido.




Mucha gente cree que los amigurumis son sólo para niños, pero según la tradición japonesa son un auténtico alimento para el espíritu infantil que todos llevamos dentro, a veces más despierto, a veces más dormido. Esa idea de no dejar que el pequeño que alguna vez fuimos se aburra nos pareció grandiosa, porque somos nosotros quienes debemos darle permiso para que siga jugando, maravillándose con las cosas simples, las texturas suaves y los colores. Ese es el concepto que abrazamos.


Te quiero, sábelo. Y a Mariano también, gran ilustrador que, tiempo atrás, tuvo su brillante participación en la primera semana temática de ilustradores que tuvo Alma, acá. Martín lo presenta:

Mariano, además de periodista, es un gran dibujante y fue automáticamente sumado a la iniciativa. Así nació Qué mundo beio!, un espacio desde el que mostramos algunos trabajos que hacemos con mucho color y amor. Las tareas están bien repartidas: mientras que yo me dedico al tejido, él pinta unos cuadros divinos y le da vida a los simpáticos corchis.



Los corchis son un invento suyo: a partir de unos corchos de vino espumante que teníamos guardados en algún cajón, dibujó y pintó a un conjunto de divertidos personajes de lo más diversos. Así, en nuestra biblioteca hoy conviven señoronas con gatos, señores de traje, una indiecita, una chinita, un payaso...  Ahora los hace a pedido, a veces creando personajes, otras "caricaturizando" a personas de carne y hueso.




¡Esta es Brenda y su familia! ¡Jajajajja! ¡Son lo maaaaaaaaaaaaas!

La idea es que nuestro pequeño emprendimiento crezca y se multiplique... Nos hace muy felices dedicarle tiempo a crear cosas lindas para que otros disfruten. Estamos seguros de que cada criatura tiene su alma, y que iniciará su historia a partir del momento que caiga en manos de su "propietario". Nos gusta pensar eso. De hecho, a veces nos encariñamos tanto con eso en lo que tanto trabajamos que, antes de empaquetarlos para sus flamantes "dueños", les sacamos fotos junto a los "residentes" -los amigurumis y corchis que hicimos para nosotros- a modo de formal despedida. O de bienvenida al mundo, porqué no.


Nah, ¡son lo más! Qué bueno que haya gente como ustedes en el mundo beio


Qué mundo beio!
quemundobeio@gmail.com




Alma Singer II | Más amor por favor*

El miércoles pide más amor, y se lo vamos a dar, por supuesto. Una buena dosis de onda festiva y original, que aplican Lucía y Marcela, de Uriarte.


Nos conocimos en el trabajo, hace ya casi siete años (¡para nosotras es un montón!). Al principio, nos unieron cuestiones profesionales (ambas somos docentes universitarias y nos dedicamos a la formación de docentes) pero rápidamente nuestro amor por lo dulce, los fracasos en las dietas y la pasión por la cocina nos fue uniendo. La amistad vino pronto y ahora somos como hermanas de la vida. Marcela está casada con Marcelo y tiene dos hijos (sí, el matrimonio de los “marcelos”!). En su casa siempre hay algo rico esperando sobre la mesada… ¡qué nunca dura mucho! No le gusta la rutina, por eso siempre encuentra algo diferente para salir de ella. La cocina es una de sus excusas.


Lucía está recién casada (¡en enero de este año!), con Emanuel. Eran compañeros de la primaria. No se veían desde que terminaron 7° y en un reencuentro, fue flechazo y amor. La boda fue de día y la organizamos con alegría durante poco más de un año, con pequeños detalles que hablaran de lo que nos gustaba: manteles y servilletas de diferentes colores, centros de mesa, piñatas…¡de todo y muy alegre! Tuvimos mucha suerte, y encontramos gente muy creativa que nos acompañó preparando cosas que no teníamos idea ni talento para hacerlo. Fue un día maravilloso.


En ese proceso, ambas nos descubrimos encontrando placer en actividades que siempre habíamos relegado a “los huequitos libres”: el trabajo con las manos, la cocina. Fue una oportunidad para replantearnos nuestras prioridades. Era ahora o nunca. Tal vez con más osadía que otra cosa, comenzamos a fantasear con la posibilidad de crear un lugar que nos permitiera dar rienda suelta a las ganas de cocinar, de crear cosas lindas para nuestras casas y encontrarnos con otros que supieran hacer cosas que nosotras no. La boda fue nuestra señal de largada, y por suerte supimos escucharla.


¡El miércoles desborda de amor! ¡Cómo me gustan estos días! ¡No maten al Unicornio! ¡Basta de gritar Verónica! Sigamos…

Como parte de ese camino, dimos nacimiento a Uriarte, donde nos dedicamos a cocinar bien casero y crear objetos lindos que nos acompañen en nuestros momentos felices (como en el día de la boda, o en el cotidiano cuando podemos disfrutar nuestra casa y bajar un cambio). Ambas venimos de familias donde siempre se cocinó, mucho y muy rico. Creemos que la comida une, nos acerca. Comer nos permite compartir momentos con quienes queremos y nos quieren. Disfrutamos de preparar cosas ricas, que reconfortan y te dejan pensando...."¡qué bueno esto!". No importa si vivís en una súper casa o en una cajita de zapatos, nuestro hogar puede hablar de nosotros. Con pequeños detalles, objetos que nos reconfortan y en los que nos reconocemos. Por eso, nos propusimos también crear esos detalles que hacen que tu casa sea bien tuya.




Ahora nos explican porque bautizaron a su emprendimiento Uriarte (y yo las banco a full).

Uriarte es la calle que caminamos muchas veces, charlando y dejando la imaginación volar: “podemos hacer esto, o aquello”. Con árboles, chicos saliendo de la escuela y señores de almacén y mercaditos (cada vez menos, desgraciadamente) que se sabían nuestros nombres y nos avisaban cuándo llegaba ese ingrediente que estuvimos buscando por todos lados. Fue nuestro camino hecho de cuadras y adoquines, donde empezamos a tejer este sueño de amigas: compartir. Compartir tiempo juntas y con otros a través de una cocina casera que te recuerde momentos felices, y te permita construir otros. Fuimos muy afortunadas en darnos cuenta de algo tan sencillo como complejo: la vida tiene movimiento y uno puede dar un giro al volante para ver las cosas de otra manera. Cada uno encuentra la mejor forma de ser feliz, y esta es una de las nuestras.


No me ven pero estoy parada de pie, aplaudiendo como loca la actitud. Cuesta tipear y aplaudir al mismo tiempo, tanto como cuesta llegar a ese punto en la vida donde te das cuenta que vos tenés las riendas bien firmes en tu mano; pero cuando el día llega, oh, qué maravilla, y qué tanto más fácil se hace vivir…  

En fin, dejamos al Sócrates de lado, y nos metemos bien de lleno en la cocina de esta fabulosa marca emprendedora que propone todos estos servicios:

+ Productos de pastelería, panadería, conservas y dulces son 100% caseros. No usan conservantes artificiales y cuidan mucho la selección de ingredientes “Preparamos lo mismo que nos gustaría comer, con la misma calidad”, enfatizan.


+ Productos textiles y de decoración para el hogar, totalmente artesanales hechos por Uriarte u otros emprendimientos amigos de la marca.


+ Propuestas para complementar la decoración de una fiesta, así como la confección de souvenirs muy copados y coloridos.  





Con tanto amor, vamos a los detalles prácticos. Las chicas realizan sus ventas vía Facebook, y también reciben pedidos por mail (holauriarte@gmail.com). Cuentan que si compran cualquier tipo de producto en cantidad, tienen un 10% de descuento. Pueden retirar la compra por cualquiera de los dos Showrooms (uno en Villa Crespo y el otro Palermo… intuyo que los dos muy cerca de la calle Uriarte); y pueden recibir la compra muy cómodamente en casa, vivan donde vivan en todo el país. Aceptan efectivo, depósito y transferencia bancaria, y los pedidos que superan los $500 requieren una seña del 50% del total para empezar (para pedidos grandes sugieren hacerlos con 20 días de anticipación).

Amistad, sabores, ideas, colores, detalles dedicados, alegría trabajadora, una marca querida y bien trabajada… listo, ya está. Podría dar por terminada la semana. Pero no, siempre podemos recibir un poquito más de amor ;) ¡Muy feliz miércoles a todos!



Uriarte
holauriarte@gmail.com
Showrooms en Villa Crespo y Palermo
Realizan envíos a todo el país.

Todas las fotos de este post fueron tomadas del Facebook de Uriarte. 



Bonus Track: Recuerdos de cocina de las chicas Uriarte…

Lucía
Vengo de una familia en la que siempre se cocinó mucho. Nos gusta comer rico, y bien casero. De chica me moría por un pancho, porque mi mamá siempre se cocinaba todo, a pesar de trabajar un montón de horas. Eso era genial…hasta la masa de las tartas preparaba. Cero comida rápida. Pero bueno, de nena para mí lo gourmet era un pancho con lluvia de papas. Mi abuela materna, Rita, era “la” cocinera oficial. De esas mujeres que comenzaban a cocinar una semana antes de las fiestas y sacaba fuentes, y ollas y platos como para alimentar medio país. Era judía, y a través de ella conocí sabores que nunca más volví a probar. Antes de morir, nos dejó casi todas sus recetas. Es un cuadernito con letra prolijita y redondita que cuidamos como un tesoro.

Tengo dos recuerdos muy, muy presentes de mi infancia vinculados con la cocina. Uno de ellos, obviamente, con mi abuela Rita. No sé cómo hacía, pero siempre que cocinaba, la cocina parecía una sala de cirugía: todo inmaculado, limpio. Hay una foto, que le tomaron hace muchos años. Ella estaba haciendo el repulgue de empanadas. En esa foto ella está usando un delantal que había cosido (era, además, muy buena costurera y tejedora de dos agujas). Está sonriendo, y todo está impecable. La mesada, llena de comida. Esa era ella, todo alegría y amor por los hijos y nietos que íbamos a cenar.

El otro, con mi papá. Yo tenía unos diez años y había encontrado una receta de scones toda doblada dentro de un libro. Era de un recetario Royal, en blanco y negro. Me apoderé de la receta y de la cocina a pesar de mi metro veinte y preparé la receta. Cuando mis viejos vieron lo que había hecho, no lo podían creer. Mi mamá estaba alucinada, y cuando mi papá probó uno me dijo “Son iguales a los que preparaba mi mamá”. Creo que fue mi primer momento de orgullo culinario: haber preparado algo que permitiera evocar un momento feliz. Creo que eso es la comida casera (y por eso siempre hay que buscar las recetas de las abuelas y prepararlas!).


Marcela
En mi historia familiar la cocina casera ocupa un lugar importante, empezando por mi abuela María Esther que era casera al 100%, con sus guisos, sus niños envueltos en hojas de repollo blanco y sus ajíes rellenos que eran muy sabrosos. Mi mamá, también María Esther, tiene esa herencia incorporada por lo que era muy difícil que pudiese entrar en mi casa una pizza de un delivery. Siempre había una excusa para creer que no estaba bien elaborado. Es especialista en pizzas y salsas que tienen un aroma especial, conservas y hasta sendos moldes de dulce de membrillo. Y si agrego sus tortas y sus creaciones puedo decir que es  toda un especialista en la cocina. Su compañero de vida, mi papá Fernando, la acompañaba en esos quehaceres: ella hacía un matambre y él lo cortaba con precisión como un arquitecto. Su profesión estaba en la cocina, por eso para cocinar, mi padre hacía los paso a paso de un locro, una carbonada, un goulash. Los dos formaban un equipo capaz de cocinar y deleitar a sus amigos, que eran agasajados con sus delicias.


Y yo mirando, acompañando y colaborando cuando era necesario. Coleccionaba recetas, especialmente de las dulces que hacía mi madre. Tengo recetas de cuando la revista Clarín tenía el tamaño del diario. Hacía tartas de manzana con merengue italiano, scones, masitas secas. Mi especialidad son los budines y el más solicitado es el malmolado. Cuando cocino tengo la presencia de mi abuela y mi padre, porque entre mate y mate o un café se entramaba una charla de historia, de viejos tiempos, de cómo se cocinaba antes o lo más hermoso de cómo fue la vida de ellos. Cocinar me produce placer, me lleva a volar a otro tiempo, a crear, a revisar cómo lo hacían mis seres queridos o a poder decirle a mi mama: “¿qué lleva la receta tal, que no me acuerdo?”. De eso se trata: de compartir, de dar, de agasajar pensando en quién viene a mi casa. 


* No sé muy bien de dónde viene el “Más amor por favor”. Sabía que era de origen brasilero, ¿no? (se agradecen datos). En fin, OBVIO no es una frase mía :p A ver si este link sirve de fuente ;) http://www.ygormarotta.com/


Conozcan a Miss Latika

PLAY | Have You Met Miss Jones - Robbie Williams

Siempre tuve una onda vintage.



Mariana, mejor conocida como Latika, no sólo tiene la onda vintage que proclamaba, también le rinde culto, y lo hace mientras te cuenta que hace más de diez años que va al súper con el changuito y las bolsas para las compras. Ella es vintage y también una esteta incurable (¿quién quiere curarlos? ¡Los amamos!)…

Amo las cosas para la casa: manteles, servilletas de tela, las mantas (me pierden), los almohadones, las alfombritas... Todos esos detalles que cambian un lugar. Cuando me voy de vacaciones, alquilo una casa y cambio los muebles de lugar, pongo flores, cuelgo las mantas. Tengo eso de vivir lindo. Creo que lo heredé. En la casa de mi mamá siempre fue todo muy impecable. Me gustan las cosas ricas, la mesa linda, los pequeños detalles.



Con este trasfondo, nos metemos de lleno en su historia…

Empecé en una casa de decoración en el bajo de Vicente López, haciendo asesoramientos a domicilio.  Vi muuuchas casas, horas y horas… Después seguí como decoradora free lance cuando mis hijos eran chicos. Me inserté de nuevo en un local hace unos cinco años, y ahí estuve tres. Era una marca muy top de muebles en Buenos Aires Design, diseñaba y me encargaba del local. Trabajaba mucho, y también aprendí mucho. Y ahí surgió la necesidad del cambio: seguir trabajando para otro a ritmo alocado, o pensar algo propio. Era agosto de 2011.


Empecé de cero. Sin inversión, ni un peso. Nada. No conocía Facebook pero todos decían que tenía buena llegada. Recuerdo que tenía sólo seis contactos (mi familia) y así comenzó todo. Hoy tengo cinco mil, más mil quinientos seguidores.


Mi primera venta fue una cajita de sahumerios (con una técnica mixta de decoupage y pintura) que fui a entregar personalmente en bondi. Siempre me gustaron los muebles, pero no son nada fáciles… Compré para mí una cómoda americana a una señora que ya no la quería y la vendí. Con eso compré mi primer mueble.


Ahora compro muebles antiguos, los arreglo, los intervengo y después los vendo por Facebook. Cada mueble es único. Les pongo mucho amor, pero no los miro como para quedármelos y no me cuesta desprenderme de ellos. Sé desde el momento que comienza el proceso, que están siendo preparados para otra persona. Todos tienen su nombre.  A veces surge apenas lo veo, otras cuando lo estoy pintando. Siempre trabajé en esto, lo amo, me encanta.


Con todo este amor y ADN vintage, a Lati no le cuesta nada inspirarse. Sus musas viven en lugares accesibles y no requieren mucho esfuerzo aparecer. De hecho, son las musas más copadas del planeta: a Lati la inspira absolutamente todo. “De pronto es una fuerza impostergable que me lleva a dedicarme a un mueble, y así me puede sorprender la noche sin darme cuenta combinando técnicas y colores, embelleciendo una pieza”, confiesa.

Otros días miro un mueble, lo vuelvo a mirar dos o tres veces y me doy cuenta de que ese no es mi día para eso. Entonces hago otra cosa, cambio de aire, y al otro día vuelvo con una mirada renovada. La realidad es que observo TODO en detalles: Imágenes, revistas, colores, situaciones, gente, películas, comidas… Todo es enriquecedor.


De esta suma de estímulos brotan muebles y accesorios decorativos sin mucha norma ni control. “Ofrecemos el blanco puro clásico e iluminado en una mesita francesa, pero también un coral jugadísimo con turquesa en una mesita escandinava, o un mueble retro pintado verde y rojo, o los camastros de Toscana con mantas y almohadones. Clásico, hippie, folk… Arte Latika… ¡Libre!”, exclama al universo. Lati cree que tenemos la capacidad de crear nuestro propio estilo, sin modas ni imposiciones. Al contrario, basta explorar para adentro para descubrir colores y capacidades. Y si bien ella tiene propuestas ya listas para llevar, también realiza muebles a medida junto a su gran equipo afectivo, su familia.



Mi abuela hace los pompones de lana que se van con cada objeto o mueble, ¡y tiene 89 años! Hay un carpintero que hace los arreglos estructurales necesarios, y alguien que se ocupa de las entregas. En el taller, por ahora, sólo estoy yo. Con mi espíritu libre, soñador, tranquilo, tratando de que eso se refleje en las frases y fotos que elijo para mis publicaciones. Tengo cuatro mascotas que son mis grandes compañeros mientras trabajo, ¡muchas veces salen de colados en las fotos que publico! Son dos perros: Fortunato y Elvis; y dos gatos: Pascual y Wawito. Definitivamente, sin ellos nada sería igual.



Resumiendo, ¿cómo podés ser vos parte de este universo vintage, inspirado, bien amado, súper confeccionado a mano y lleno de ayudantes de cuatro patas? Podés seguir a Arte Latika en Facebook, enterarte de las novedades del stock permanente (muebles terminados, nunca dos iguales a no ser que alguien se los pida); o podés encargar tu “Arte Latika a la carta". Ahí pedís lo que necesitas, Lati te lo busca y te pasa fotos de los finalistas. Cuando se encuentra el apropiado, con tu aprobación se compra y se interviene con cariño y materiales adecuados. ¡Y Lati te tira una más! Si ya tenés el mueble a restaurar, charlan e identifican la necesidad, para que Lati te cuente si es viable. Cuando encuentran el camino de acción, empieza la magia con total y absoluto compromiso.  





¿Y cómo llegás a este universo? Fácil, por Facebook. Te contactás con Lati y charlan todo lo que necesites para encontrar ese mueble tan querido que estás buscando o necesitando recuperar de las garras del pasado malhechor. También podés darte una vuelta por su taller en Zona Norte (a poquito de Capital), acercarte a ver el mueble en acción, volver y esperarlo contento en tu casa, porque Lati realiza envíos a domicilio, con pompón, tarjeta y otras chucherías (textual). No te olvides que, sobre todo, vas a estar recibiendo la buena vibra de una persona que ama lo que hace y que quiere que te encuentres con lo mejor de su arte y de su calma…   



¡Bienvenido Arte Latika a Alma Singer!


Arte Latika
M: 15 2170-6916


Todas las fotos de este post fueron tomadas del Facebook de Arte Latika. Bonus track hechos por Lati:







Alma Singer I | Alma inquieta, corazón contento

PLAY | Dreamsome - Shelby Lynne

Los mails de Maggie tienen chispitas pero no prenden fuego tu compu. Al contrario. La llenan de linda energía y seguís tu día con la alegría de saber que hay gente por ahí haciéndole muy bien al mundo. Con Maggie nos mandamos muchos mails chispitas, y cuando finalmente conocí su showroom – taller de Inquietus Ánima, me prendí fuego…







Existen pocos lugares con tanto amor, detalles y cariñoso cuidado.

Después de mucho, mucho tiempo, Maggie y yo finalmente pudimos concertar un almuerzo relajado un sábado cualquiera, y tuvimos la suerte de coincidir las tres con Ana Paula, mi prima carioca que quiero tanto (las chicas se conocieron en una feria que organizó Maggie en su espacio). Maggie nos estaba esperando con una baúl lleno de delicias generosas y la mejor vibra posible.



Entre bocados de pinchos capresse, palmeritas con queso azul y rebanadas de jamón crudo, Maggie contó su fascinante historia. Es imposible de repetirla porque sería una falta de respeto intentar transmitir todas las sensaciones y revelaciones que Maggie expresó tan vívidamente y sintió a lo largo de esta maravillosa cosa que llamamos vida. Pero déjenme decirles que si alguien está buscando un buen guión para hacer película, acá tienen una punta condimentada con varios intentos de carreras universitarias, un camino ligado al yoga, dos estadías de vida en el extranjero, un bebé de un amor, una constante reinvención, una aguda percepción de las señales de la vida y un seguir del instinto, porque ese viejo amigo nunca nos deja solos. ¡Hasta una pelada trascendental voluntaria!


Es re loco, pero me sentí como reencontrarme con una amiga que no veía hace años. ASÍ de relajado, natural y divertido fue el almuerzo picoteo. Y déjame sumarle inspirador. Sumamente inspirador…

Este pallet se lo heredó una vecina y, para no seguir pintando de blanco todos los muebles que habitan su living, Maggie le puso color con muestrario de colores de una pinturería (que debería sentirse orgullosa de todo lo que inspira con sus muestrarios).


Este espejo no es cualquier espejo. Es un espejo con botones. Y amamos eso.

Carretes de hilo sosteniendo percheros hechos con piezas de ajedrez. Listo. Cerrame la cuatro.

Pasamos cerca de tres horas suspendidas en un espacio lleno de luz, ideas, amor, deseo sustentable y generosidad sin retazos. 










Pasamos cerca de tres horas entre banderines coloridos, bolsos contenedores, bastidores con telas llenas de significado, percheros amantes del ajedrez, fundas para notebooks cosidas con géneros reformulados y otras ediciones únicas y especiales, no sólo porque las hace Maggie a mano, tan feliz de poder coserlas, sino también porque utiliza material de descarte en cada una de sus creaciones. No hay un pantalón que no pueda volver a caminar las calles como un bolso, ni una camisa que no pueda abrigar las necesidades de una persona (¿sabían que Maggie reutiliza sus mangas para hacer bolsitos donde guardar zapatos de viaje?). Hasta las cortinas archivadas en un baúl se cortaron en pedacitos y se convirtieron en bolsas que Maggie utiliza para guardar las compras. Todo se reinventa, todo se recicla, todo se convierte en algo único. Y les aseguro que estas chispitas prenden fuego lo que tienen que encender. Prepárense para dejarse iluminar…



Inquietus Ánima
inquietusanima@gmail.com

Tienda online


© Alma Singer
Diseño:Maira Gall.